Adiós a la entrega ciega:
La necesidad que me impulsaba a entregarme por completo a otros se ha extinguido. Ya no me aferro con desesperación a cualquier muestra de afecto. He aprendido que el amor no se puede implorar ni exigir, sino que surge de forma natural y libre.
Nacimiento de la independencia:
La parte de mí que buscaba complacer a toda costa, que se convertía en la musa y el tapete de otros, ha emprendido por fin un viaje sin retorno. En su lugar, emerge una persona más sabia, fuerte y consciente de su propio valor. Ya no dependo de la aprobación o el afecto externo para definirme para sentirme bien.
Paz sin luto:
No hay tristeza en mi corazón por la muerte de esa parte de mí. En cambio, siento una profunda paz y una serena aceptación de que el amor no siempre es correspondido y que la entrega no siempre es valorada. He aprendido a amarme a mí misma, a cuidar de mis necesidades y a ser mi propio refugio cuando lo necesito. «Romper las cadenas, el viaje hacia la independencia emocional.»
Hacia un futuro incierto con paso firme:
Avanzo con determinación hacia un futuro aunque este sea desconocido, segura de que no me perderé en el camino y si me perdiera volvería a encontrarme a mí misma. He aprendido a escuchar mi ruido interior, a seguir mi propio ritmo y a ser fiel a mi esencia y en consecuencia a mi misma. Ya no soy un barco a la deriva buscando un puerto seguro en el corazón de otro, ni amarres contradictorios. Soy mi propia capitana, mi brújula y mi destino.
Amor auténtico sin ataduras:
He comprendido que el amor no reside en la aceptación, la sumisión o la anulación de uno mismo, sino en la libertad de ser quien uno es sin máscaras ni disfraces pues esotos son capaces de borrar cualquier atisbo o esbozo de ilusión. Desde esa libertad, puedo ofrecer un amor auténtico, sin ataduras ni expectativas, un amor que fluye libremente como un río hacia mar abierta.
Transformación y fortaleza:
La muerte de la parte que se aferraba a cualquier cosa desesperadamente ha dado paso al nacimiento de una persona más fuerte, resiliente y completa. He aprendido a volar con mis propias alas, a encontrar la felicidad en mi interior y a ser dueña de mi propio destino o al menos del camino que decido tomar. Desde esta nueva realidad, puedo decir con total seguridad: descansa en paz, querida parte de mí, porque dejas más paz de la que llevas.
Romper las cadenas, el viaje hacia la independencia emocional.
© copyrigth | Jose Luis Vaquero.








