El reflejo de la luz ajena: Encontrar esperanza en la oscuridad emocional
Nuestra propia sombra no es el fin del camino, sino el escenario donde la luz de otros se vuelve más evidente. A veces, nos sentimos como la luna, fríos y distantes, olvidando que nuestra capacidad de brillar depende, en gran medida, de saber recibir el calor de quienes nos rodean.
Encontrar esperanza en la oscuridad emocional no significa negar el vacío, sino aprender a reconocer esas «estrellas» —personas, palabras o momentos— que iluminan nuestra noche cuando nosotros no podemos encender nuestra propia lámpara.
La dualidad entre el vacío y la pertenencia
Existe una dualidad necesaria entre nuestra soledad y nuestra necesidad de los demás. Por un lado, la sensación de estar perdidos en un espacio infinito donde nadie nos alcanza. Por otro, el alivio de descubrir que, incluso en el eclipse más largo, hay una luz que nos busca.
Yo también fallo al olvidar esto; muchas veces me he encerrado en mi propia oscuridad por orgullo, rechazando el sol de quienes me aman por creer que mi sombra era demasiado densa para ser iluminada. He preferido el frío de la autosuficiencia antes que la humildad de admitir que necesitaba un reflejo externo para volver a verme.
Propuesta de paz: Ser espejo y ser luz
La resistencia gentil ante la desesperanza consiste en aceptar que somos seres de luz prestada. Para mantener viva esa llama en los momentos oscuros, podemos proponer:
Convertirse en reflejo: Estar listos para ser la luz de alguien más cuando el ciclo cambie y sea el otro quien habite su propia noche.
Practicar la gratitud consciente: Reconocer a esas personas que actúan como «estrellas» en nuestra vida.
Permitirse ser sostenido: Entender que pedir ayuda no nos hace menos valientes, sino más humanos.
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