En realidad, a pesar de nuestros esfuerzos, no existe un equilibrio ideal, perfecto.
Estamos en un flujo constante, en un viaje que a veces parece que se nos hace eterno, en un equilibrio entre lo más y lo menos, entre lo alto y lo bajo, entre el todo y la nada…
En el que nos sumergimos todos los días, tanto esencialmente como emocional y anímicamente. Esa combinación constante que une cuerpo y mente, aunque a veces no seamos conscientes y vivamos a espaldas de ese aparente desencuentro.
El equilibrio es beneficioso, pero no nos angustiemos demasiado cuando nos encontremos en ese viaje, cuando vivamos ese momento imperfecto, aunque no siempre alcancemos el equilibrio perfecto que buscamos.
Tal vez lo más importante sea poder recuperarse rápidamente cuando no lo tenemos, cuando perdemos el equilibrio a veces con el mínimo esfuerzo.
REFLEXIÓN: Te cuento..
Mira, bro, en realidad, por más que nos tiremos al ruedo, no hay un equilibrio que sea perfecto, ¿sabes a lo que me refiero?
Estamos en este trajín constante, en un viaje que a veces se siente como si no tuviera fin, en una onda entre lo más y lo menos, entre estar en la cima y caer en picada, entre tenerlo todo y no tener nada…
En el que nos metemos todos los días, tanto física como emocional y mentalmente. Esa conexión constante que hay entre el cuerpo y la mente, aunque a veces ni nos demos cuenta.
Claro, tener un equilibrio está de lujo, pero no hay que agobiarse tanto cuando andamos en ese viaje, aunque no siempre lleguemos al equilibrio perfecto que andamos buscando.
Creo que lo más clave es saber recuperarse rápido cuando uno siente que se está saliendo del camino, con el menor esfuerzo posible, ¿me entiendes?
© copyrigth | José Luis Vaquero.







