«Aún no estoy preparado para ser simplemente parte del paisaje»
RELATO CORTO: Todo Tiene su Fin
Desde el ventanal, observaba cómo el sol comenzaba a pintar de dorado las hojas de los árboles del jardín. La casa, grande y antigua, parecía respirar un aire de tranquilidad que contrastaba con la tormenta interior que lo azotaba.
Daniel suspiró, acercándose al espejo. La imagen que lo devolvía era la de un hombre maduro, con las primeras arrugas surcando su rostro y el cabello salpicado de canas. Pero en sus ojos, aún ardía una llama que se negaba a apagarse.
Recordaba el día que se reencontraron. Una persona llena de vidajoven aun llena de vida, y apesar de la vida complicada que la habia tocado vivir, con una sonrisa que iluminaba cualquier desilusión.
Había sido como un bálsamo para su alma, una nueva primavera en un otoño. Sin embargo, con el paso del tiempo, algo había cambiado en ella. Su mirada, antes tan llena de admiración, ahora parecía distante, apática y preocupada.
Una noche, mientras la abrazaba, ella se apartó suavemente. «Daniel», comenzó comenzo a decir… «te quiero mucho, pero…». Él la interrumpió, sus ojos clavados en los de ella. Calla, lo sé pero «Aún no estoy preparado para ser simplemente parte del paisaje», dijo, su voz firme.
La frase resonó en la habitación, apagando el silencio. Ella lo miró, sorprendida por la intensidad de sus palabras. Sabía que él aún se sentía joven, lleno de energía y de vida.
¡Absolutamente! Aquí tienes la versión corregida, manteniendo el sentido original del texto:
Pero ella, con el paso de los años, aún andaba perdida en sus mares de desavenencia consigo misma y había cambiado. Necesitaba algo más que compañía, necesitaba una conexión profunda, un alma gemela con quien compartir sus miedos, sus sueños, que la despertara con una chispa de vida, que la sacara de su profunda apatía.
Los días siguientes fueron difíciles. Las conversaciones, antes fluidas y llenas de complicidad, se volvieron tensas, forzadas y banales.
Daniel, al sentir su distancia, se había conformado simplemente con formar parte de su vida, algo con lo que tenía que acabar pues a ella no le llenaba y a él le confundía. Comprendía que su relación había llegado a un punto de inflexión.
Una tarde, mientras paseaban por el jardín, ella tomó su mano. «Daniel», dijo con voz suave, «te agradezco todo lo que hemos vivido juntos.
Has sido un gran compañero de camino y sé que sin buscarme te encontré. Pero creo que tal y como estamos, si queremos seguir siendo fieles a nosotros mismos y por esa sinceridad que hemos compartido, te digo que creo que ha llegado el momento y necesitamos tomar caminos separados».
Él la miró fijamente, tratando de encontrar alguna señal de esperanza en sus ojos. Pero solo encontró su universo extenso de su propia desavenencia, tristeza y resignación. Asintió con la cabeza, entendiendo que había llegado el final.
Al despedirse, se abrazaron con fuerza. En ese abrazo, se fundieron una mezcla de dolor, gratitud y aceptación. Sabían que habían vivido una historia, si no de amor, muy intensa y apasionada, pero como cada historia, simplemente llegan a su fin.
©Jose Luis Vaquero
c4s5HWSsfwK