Me dijo «quiero volver a vivir» y se fue sin decir ni adiós… Y lo acepté, claro que lo acepté, pero mi alma se llenó de tristeza y frustración.
Generaste tal confusión en mí que me costó ponerme de nuevo de pie, porque nunca llegué a comprender cuál fue la verdadera razón para que no quisieras volver.


