Embriagados por la oscuridad de la noche digámonos todas las cosas que nunca nos atrevimos a susurrar a la luz del día…
Me atreveré a perdonar cada una de tus excusas para no estar donde debes estar, al alcance como cada día, donde poder contactar con esa luz interna que en ti brilla.
En ese fuego que calienta a mil kilómetros y que te mantiene erguida como estatua de sal, aparentemente tan dura, tan fría, pero que te deshaces casi sin pensar cuando entí reina la calma y el equilibrio en tu vida.
© copyrigth | Jose Luis Vaquero.


