No es el dedo ni el gatillo quien causa el daño. Es un pensamiento mezquino al que dejaste salir y en un instante se apodero de tu destino. Y ya nada fue lo mismo.
© copyright | José Luis Vaquero
No es el dedo ni el gatillo quien causa el daño. Es un pensamiento mezquino al que dejaste salir y en un instante se apodero de tu destino. Y ya nada fue lo mismo.
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