La sinceridad sin el filtro de la empatía puede ser una crueldad
La compañera útil, necesaria de la sinceridad es la empatía. Decir la verdad y mostrarnos como somos es un rasgo elemental para la confianza y la autoestima, aumentando la confianza en las relaciones humanas.
La empatía es esa capacidad de ponernos emocionalmente en la situación de los demás, del otro.
Ser sincero no significa decir todo lo que pensamos, al comunicarnos con los demás, pero si esa comunicación la tratamos en todo momento con una dosis suficiente de sensibilidad, entendernos siempre será más fácil.
Pero cuando la compañera de la sinceridad es la crueldad, todo adquiere un matiz de reproche, incluso de venganza intentando provocar más un daño que, un desahogo personal que entenderse con los demás.
La sinceridad puede ser muy cruel y dañina si no se la trata con empatía y sensibilidad.
La sinceridad carente de empatía significaría decir la verdad, sin prudencia, sin límites, sin tener en cuenta a los demás y podría ocasionar daños emocionales innecesarios cuando lo que en realidad se quiere expresar es la verdad, y tengamos en cuenta que no hay verdades absolutas.
Si la sinceridad va acompañada de la crueldad no será sinceridad sino venganza.
© copyright | José Luis Vaquero







