El arte de decir adiós cuando te quieres quedar: la paradoja del desamor
La batalla entre el instinto y el deseo
Es, sin duda, una de las fracturas más profundas del alma: decir adiós cuando te quieres quedar es una tarea que desafía cualquier lógica humana. En el primer párrafo de esta despedida, debemos aclarar que no se trata de falta de amor, sino de un acto de supervivencia emocional.
Ir en contra del corazón no es tarea fácil, es una decisión que rompe esquemas y que tomamos casi sin entenderla, guiados por un instinto primario que nos grita «vete» mientras el sentimiento nos susurra «quédate». Al final, decir adiós cuando te quieres quedar se convierte en el único camino para no naufragar en una relación que ya no ofrece tierra firme.
Decisiones que rompen el alma
A veces, los labios dicen «no» mientras el pecho grita un «sí» desesperado. Estás físicamente en un lugar, pero tu esencia desearía estar allí, en ese rincón compartido que ya no existe.
Es un baile de máscaras donde la razón no tiene invitación. Te vas para no regresar, no por falta de ganas de luchar, sino porque entiendes que tus emociones se han fundido en un laberinto de razones para no dar ni un paso más hacia el abismo.
La ley de la gravedad en las despedidas obligatorias
Existe una fuerza invisible, una gravedad emocional, que te empuja hacia adelante y te prohíbe mirar atrás. Es esa resistencia necesaria para no volver a cometer los mismos errores, para no dar valor a quien solo te busca para no sentirse a solas. Es duro aceptar que, a veces, solo fuimos la tabla de salvación en la tempestad de otro.
El fin del rol como salvavidas emocional
Yo también fallo. He intentado ser puerto para barcos que solo buscaban refugio temporal, y me he quedado vacío al verlos zarpar cuando el sol volvía a brillar.
Reconozco que duele admitir que fuiste el soporte en la tormenta ajena y que ahora, con el mar en calma, se pretende usar tu presencia solo para huir de la soledad. La madurez emocional nace precisamente ahí: en negarse a ser el remedio contra el vacío de quien no sabe estar consigo mismo.
Una propuesta de paz: soltar para sanar
Cerrar esta puerta es un ejercicio de autocompasión. No permitas que tu entrega sea el combustible de alguien que no sabe navegar sin muletas. La paz interior se encuentra cuando dejas de ser la respuesta a las carencias ajenas y empiezas a ser la solución a tus propias necesidades.
Es difícil decir a dios
cuando te quieres quedar,
ir en contra del corazón
no es tarea fácil la verdad.
Son decisiones que
rompen esquemas,
que tomas casi
sin entenderlas,
como guiado por el instinto
más que por la razón.
Que no te deja pensar,
y dices no
cuando quieres decir si,
estas aquí
pero quisieras estar allí,
y al final.. te vas
para no regresar.
Se funden las emociones
casi sin querer sin pensar,
te llenas de razones
para no dar
ni un paso más..
Pero la ley de la gravedad
te empuja te hace que,
ni mires a tras
pues volverías a cometer
los mismos errores,
dar valor a quien
te valora solo
para tenerte presente
a amarrándose
a no dejarte ir
porque sola
no se quiere quedar…
Fui tabla a la que te asistes
a ella en tu tempestad,
hoy tu mar
está más en calma
no quieras
hacerlo de nuevo
tan solo para huir
de tu soledad…
© copyrigth | José Luis Vaquero


