Y… los pasos no dados, las palabras no escritas, quedaran olvidados, proscritas, relegadas al limbo de lo inapropiado.
Y… la esperanza será vagabunda, en un mundo de nostalgias, de penumbras, en un tiempo sin tiempo, donde la abundancia rima con lujuria y la humanidad se debate, se difumina, se disuelve, entre oscuridad y la penumbra.
Nuestra, penumbra, las sombras, nuestra oscuridad.
Desde la infancia, nuestra sombra personal se desarrolla a partir de nuestras experiencias y aprendizaje social, donde rechazamos aquellas ideas o comportamientos que no consideramos adecuados según las normas morales y el formato cultural en el cual hemos educados.
Si le enseñan a un niño que existen «malos pensamientos», están inculcando un miedo moral hacia su propio universo mental interno, que tratará de anestesiar y extraer de su experiencia interna.
La mayoría de los seres humanos llevamos consigo una gran cantidad de sufrimiento inconsciente desde la infancia que no hemos logrado aliviar.
Para entender su lenguaje, debemos prestar atención a nuestros síntomas físicos y neurosis, sin tratar de interpretarlo y dejar al margen nuestras creencias.
Si experimento ansiedad, debo reconocer que soy el único responsable de causarla y que mis pensamientos oscuros son los que me hacen sentir estresado.
Debería estar completamente consciente de mis palpitaciones, taquicardias y estremecimientos, mis latidos acelerados, mi respiración entrecortada y mi angustia vital.
Aceptar que soy el único responsable de mi incomodidad. Aceptar mi ira, por ejemplo, no implica seguir sus órdenes (luchando, dañando objetos o gritando…), sino ser consciente de ella para luego asimilarla en mi mente.
Para conocer lo más posible mi totalidad individual, debo examinar cuáles son mis límites, cuál es mi capacidad para hacer el bien y cuánto mal puedo hacer, y ser consciente de que ambos, el bien y el mal, forman parte de mi naturaleza.
Planteateló, quizás… El lenguaje de las sombras ¿el origen de nuestra ocuridad?. Camina, descubrete reconoce y gestiona tus emociones, porque los pasos no dados quedarán olvidados, relegados al limbo de lo inapropiado…
© copyrigth | José Luis Vaquero.
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