No hay amigo pequeño, porque a veces los más pequeños son los más fuertes, los más grandes y en un momento dado todo lo pueden cambiar.
Es cuestión de conceptos, pues cada elemento que puedas ver o tocar en todo el universo está compuesto de partes infinitamente pequeñas (átomos) que son la base y forman parte de lo más increíblemente grande, incluso planetas.
La amistad es una relación afectiva basada en la confianza, lealtad, amor y generosidad, así como en incondicionalidad, sinceridad y compromiso, la cual te puede salvar muchas veces de tu oscuridad personal.
Por eso no deseches por su aparente pequeña estructura cualquier emoción, por pequeña que sea. Esa puede que sea la que te pueda salvar en un momento dado de no caer al vacío en tu propio abismo personal.
La esencia de la amistad como un vínculo sustentado en valores profundos como la confianza, lealtad, amor, generosidad, incondicionalidad, sinceridad y compromiso nos lleva a reconocer la importancia de estos lazos en nuestra vida. La amistad, siendo un refugio ante la oscuridad personal, actúa como una luz que ilumina los rincones más sombríos de nuestro ser.
En este sentido, la exhortación a no menospreciar las emociones, incluso las más pequeñas, cobra un significado crucial. Cada sentimiento, por diminuto que parezca, puede ser la pieza clave que nos salve de caer en el abismo de nuestras propias penumbras. La magnitud de estas conexiones afectivas, a menudo subestimada, radica en su capacidad para ejercer un impacto transformador en los momentos más críticos de nuestras vidas.
Cultivar y valorar estas relaciones emocionales, así como reconocer el poder de las emociones aparentemente pequeñas, se muestra como un camino esencial para construir una red de apoyo sólida. Aprende a reconocer y gestionar tus emociones.
© copyrigth | José Luis Vaquero.







