Que paradoja tiene la vida, lo nuestro fue un sin sentido. Sin saber por qué nos amamos y sin saber cómo nos olvidamos.
Quizás no suela suceder demasiado, pero hay historias que apenas comienzan se las ve venir, y casi sin darse cuenta se pierden. Quizás no son lo suficientemente fuertes para sobrevivir, tal vez la conexión no fue suficiente, y terminan por morir casi antes de nacer, de hacerse fuertes.
No se como fue, pero se que quiero algo muy diferente, algo que me de fuerza, que llene los vacíos que hay en mi mente, que me colme de luz cuando lo necesite y que aun en mi debilidad en mis noches sin luna, me ayude a soportarme a mi misma/o y hacerme un poco más fuerte.
Que sin sentido sin saber por qué nos amamos y sin saber como nos olvidamos… y nunca más fuimos los mismos.
Y pienso…
Aún sigo sin comprender el origen de lo nuestro, ni cómo llegó a nuestras vidas. Lo que sí sabemos es que su huella es imborrable que deja, y que desde que se instaló en nosotros, nada volvió a ser lo mismo.
El amor nos transformó de manera profunda a veces incomprensible. Pues fuimos dos personas distintas que se enamoraron, creando nuevas perspectivas, emociones y prioridades distintas.
No hay explicación para la magia que opera en el amor cuando sucede ni para cuando se va. Solo podemos aceptar su poder y agradecer por la forma en que ha manifestado en nuestras vidas.
Este sentimiento, inexplicable en su origen y desarrollo, se convierte para siempre en una parte fundamental de nuestra forma de pensar, de nuestro ser. Es una fuerza que nos impulsa, nos motiva y nos transforma a todos los niveles.
A pesar de no entenderlo del todo, lo que sí podemos afirmar con certeza es que el amor, cuando sucede , ha marcado un antes y un después en cada una de nuestras vidas.
© copyright | José Luis Vaquero







