La brújula interna: Cómo gestionar procesos emocionales difíciles
Entenderse a uno mismo no es un destino, es un mapa que se dibuja mientras caminamos.
A menudo, nos sentimos abrumados por lo que sentimos porque intentamos saltarnos los pasos, queriendo llegar a la calma sin haber transitado el caos.
Aprender cómo gestionar procesos emocionales difíciles requiere la paciencia de un jardinero: no se puede forzar a una flor a que abra, solo se puede preparar la tierra.
Gestionar una emoción es, ante todo, dejar de verla como un enemigo y empezar a verla como un mensajero que trae información vital sobre nuestras necesidades no cubiertas.
La dualidad entre el análisis y la vivencia
En el proceso de autoconocimiento existe una dualidad constante.
Por un lado, el deseo de analizarlo todo racionalmente, de ponerle etiquetas y nombres técnicos a nuestro dolor para sentir que lo controlamos. Por otro, la cruda realidad de que la emoción se siente en el cuerpo, no en el diccionario.
Yo también fallo al intentar ser el «psicólogo de mi propia vida»; muchas veces me he quedado atrapado en la teoría de mis sentimientos para no tener que sentirlos de verdad.
He escrito sobre la paz mientras mi pecho era una guerra, olvidando que entenderse no es una tarea intelectual, sino un acto de honestidad radical.
Propuesta de paz: El santuario de la autoescucha
La resistencia gentil ante la confusión es permitirnos no tener todas las respuestas de inmediato. Para navegar nuestros procesos con ternura, podemos proponer:
Habitar el presente: Dejar de buscar el «por qué» constante para centrarnos en el «qué necesito ahora mismo».
Nombrar sin juzgar: Decir «estoy triste» en lugar de «no debería estar así».
Respetar los tiempos: Entender que cada proceso emocional tiene su propio invierno y su propia primavera.
El libro está disponible en el enlace: Aprendiendo a volar.
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A veces, eso también es parte del proceso.
©Jose Luis Vaquero.







