¿Por qué a veces escribo cartas que nunca envío a mi pasado?
Tengo las manos manchadas de tinta de cartas que mi yo de hace diez años nunca leerá. Es una sensación extraña, física, casi como si el papel intentara retener un tiempo que ya no existe.
Lo hago porque he descubierto que, para avanzar, a veces escribo cartas que nunca envío, al menos no por correo ordinario.
Estas palabras no van dirigidas a otras personas, ni buscan el perdón ajeno; van directas a esas versiones antiguas de mí que aún me miran desde dentro, esperando una explicación o, quizás, simplemente un abrazo que nunca llegó.
Sanar el ayer… La necesidad de hablar con versiones antiguas de uno mismo
Escribo a la versión que tenía 25 años y creía, con una ingenuidad casi dolorosa, que todo en la vida se arreglaba con pura fuerza de voluntad. Le escribo a esa parte de mí que se calló demasiado por el miedo irracional a molestar, y a la que pensó, erróneamente, que pedir ayuda era un síntoma de debilidad.
A todas ellas les digo cosas que entonces mi piel no sabía procesar: «Está bien romperte. Recuerda que la luz entra precisamente por las grietas».
Les pido perdón por haberles exigido tanto, por haberlas juzgado con una vara tan rígida. Pero, sobre todo, les doy las gracias. Gracias por haber aguantado el peso, por haber seguido caminando aunque el suelo quemara y por haber llegado hasta aquí, permitiéndome ser quien soy hoy.
En este ejercicio de escribir cartas que nunca envío, encuentro la reconciliación que ningún libro de teoría ha podido darme.
El refugio de la honestidad… Escribir para liberar el alma
Hoy comparto solo un fragmento aquí, una pequeña ventana a ese diálogo interno. El resto —las cartas completas, las respuestas que me escribo a mí mismo en un ejercicio de espejo, y el espacio diseñado para que tú puedas redactar la tuya propia sin juicio— está en mi rincón privado para suscriptores.
Es un lugar donde las verdades pesan menos cuando se comparten en comunidad. En ese espacio no existe el postureo ni la necesidad de aparentar una fortaleza de mármol; solo hay honestidad y el eco de nuestras propias historias. Si sientes que alguna versión tuya necesita escuchar algo que quedó pendiente, este es el lugar.
En el rincón donde escribo sin filtros, el tiempo se detiene. Solo tienes que pulsar «Suscribirse» arriba y entrar. Te espero con una hoja en blanco, un café metafórico y ninguna prisa por llegar a ninguna parte.
No busques respuestas correctas, porque no las hay. Solo hay tiempo, palabras y una conversación que no se acelera. Te espero ahí para empezar a soltar lo que ya no necesitas cargar.
©Jose Luis Vaquero.







