» El Eco de lo que Pudo Ser»
—Te miro ahora —dije, mientras tus ojos evitaban los mĂos—, y solo pienso: «Tuviste la oportunidad, de ser alguien en mi vida pero decidiste ser un recuerdo».
Un recuerdo que duele, como una herida que no cicatrizĂł bien, como una canciĂłn que no termina de sonar.
¿Sabes lo que duele más? No es lo que fuimos, sino lo que pudimos ser. Esas posibilidades que se esfumaron, como humo entre los dedos, como un camino que nunca tomamos.
TĂş decidiste convertirnos en algo efĂmero, en una compañĂa fugaz que ahora solo habita en el olvido.
Y no, no te voy a negar que duele. Duele recordar tus promesas vacĂas, como globos que nunca llegaron al cielo. Duele pensar en lo que pudo ser y en lo que nunca será. Duele porque, en algĂşn momento, creĂ que Ă©ramos un «para siempre», no un «tal vez».
Pero cuando miro dentro de mĂ, encuentro un espacio para la aceptaciĂłn. Acepto que no siempre podemos controlar lo que sucede, que el amor no es una ecuaciĂłn que siempre suma.
Acepto que las personas cambian, que los caminos se bifurcan, que no todo está destinado a ser como uno espera.
Sin embargo, no acepto que te conviertas en una simple foto borrosa en el álbum de mi vida. No quiero que seas solo un recuerdo desgastado por el tiempo.
Quiero que tu paso por mà haya dejado algo más, una huella imborrable, una razón para creer que, aunque no funcionó, valió la pena.
Por eso, hoy te digo: Gracias. Gracias por las risas que resonaron como ecos en mi mente, por las confidencias que compartimos en la intimidad de la noche, por los sueños que intercambiamos como si fueran monedas de un tesoro.
Aunque no llegamos a donde yo esperaba, aquellos momentos fueron reales, y me dejaron marcado para siempre.
Te deseo lo mejor. Espero que encuentres lo que buscas, que logres tus metas y que seas la mejor versión de ti mismo, esa que apenas vislumbré en los instantes fugaces de nuestro «nosotros».
En este adiĂłs, no hay olvido. Te quedas en ese rincĂłn de mi memoria donde guardo mis tesoros más preciados: el cariño compartido, la esperanza del amor y la alegrĂa de ese niño que aĂşn habita en mi corazĂłn.
Y me digo a mĂ mismo: No te cierres al amor. No permitas que esta experiencia te haga desconfiar de la posibilidad de encontrar una nueva conexiĂłn.
El amor sigue siendo una posibilidad hermosa, y no renunciaré a él mientras me queden fuerzas para creer.
Sigue sin mĂ. No te quedes atrapado en lo vivido. Aprende, sana y abre tu corazĂłn a nuevas experiencias. La vida está llena de posibilidades, y no terminan mientras no dejes de perseguirlas.
Qué pena me da… «Tuviste la oportunidad, pero decidiste ser un recuerdo». Y ahora, solo quiero dejar de recordar.
©Jose Luis Vaquero







