Sabes…
no necesitas
levantar tu voz
para hacerme daño.
El tono de tus palabras
lo hacen ya.
Tu poco aprecio,
la distancia que pones
entre ambos.
Tu indiferencia
abre un abismo
cada vez más profundo
y difícil de saltar.
Si no te quieres quedar
usemos el «adiós»
seamos claros.
Podríamos terminar
siendo enemigos
si te quedas así
conmigo.
© José Luis Vaquero
