La realidad es que por mucho que nos empeñemos, no hay, no existe el equilibrio perfecto.
Estamos anclados en un ir y venir, en ese trayecto que a veces parece eterno, ese vaivén entre el más y el menos, arriba y abajo, el todo y la nada…
En el que nos sumergimos cada día, no solo en lo físico, sino también en lo emocional y lo anímico. Ese tándem que constantemente une cuerpo y mente, aunque a veces no seamos conscientes de ello.
El equilibrio sin duda es bueno, pero no suframos demás cuando nos encontremos en ese trayecto, a pesar de que no siempre consigamos el equilibrio perfecto que buscamos.
Lo importante quizás esté en saber recuperarnos a tiempo cuando seamos conscientes de nuestra pérdida de equilibrio con el mínimo esfuerzo.
© copyrigth | José Luis Vaquero







