Sentados en tu sofá relajados, charlando de las cosas de la vida, tus manos expresan la verdad, mientras tu mente se refugia en como evadir lo que te hace mal, lo que te cuesta sacar, lo que te lastima. Habitan en ti las dudas, conversas, pero a la vez no dejas de pensar… si muestras tus reservas que llegaría a pensar y se te escapa…
– Me dices:
es que no quiero
abrirte mi corazón,
por qué entonces de nuevo
“ estaría expuesta al dolor”,
moriría entre tantas dudas,
prefiero abrir mi mente,
será otra sensación,
pero me ayudara a comprenderte
a estar cerca de ti
sin hacerme daño
aunque sé que esto
quizás para ti
no sea suficiente.
Tus manos inquietas sobre tus piernas, se muestran abiertas hacia mí, estiradas, pero de vez en cuando se repliegan sobre si, en un gesto acompasado repetido mezclando tus frases con su ritmo. Sé lo que significa sé lo que expresan lo que en realidad necesitas de mi lo que te cuesta decir. Mis manos con suavidad se apoyan sobre las tuyas, los dedos se entrelazan con suavidad con dulzura sin apretar sintiendo el palpitar que las empuja, se funden y transmites su intensidad…
– Y te cuento:
cuando el futuro era incierto
y navegabas entre
mares turbulentos,
de inconsciencias
y verdades frustradas,
caminando entre las sombras,
con el empuje de la vida,
queriendo ser
más que existir y coexistir
en la penumbra de lo incierto…
te conocí…
– Ahora siento que:
Quiero acompañarte
en este momento difícil
y expuesto de tu existencia,
cuando uno no haya respuesta
a tanta pregunta,
que hasta tu mente se acerca,
déjame cogerte la mano
y compartir tu experiencia,
para que aun estando a solas
desde la distancia
sientas mi presencia,
ser de quien tomes la fuerza
para decir adiós,
a las dudas, al dolor,
a las sombras que
desde la oscuridad
del pasado te acechan…
© copyright | José Luis Vaquero







